Lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Baltazar Gracián , allá por 1647.

Esa es mi pretensión con este blog, que mis palabras no me sirvan para fabricar coartadas ni para ocultar mis silencios, que, simplemente -casi nada- cuenten lo que veo y lo que siento. Claro está, compartiéndolas con ustedes, mis amigos.



viernes, 25 de febrero de 2011

ÁRABES.

Esta semana no solo no corrige, al contrario, siguen aumentando las razones de millones de árabes en pos de quitarse de encima dirigentes corruptos y desalmados. ¿Cómo transcurrirá esta rebelión?. ¿Qué decir sobre nuestra capacidad de solidaridad? Ni sé ni contesto. Desde aquí, con admiración y el corazón en un puño: ¡les saludo!



Ahí están las fronteras de escuadra y cartabón impuestas por Europa separando tribus y comunidades. Ahí están sus negocios. Ahí llega la respuesta de sus pobladores.
En el blog de Ramón Lobo se puede obtener una información veraz y puntual.

http://blogs.elpais.com/aguas-internacionales/

viernes, 18 de febrero de 2011

Amor.


¡Menudo título le he puesto a esta entrada!

Ayer tarde, invitado por Falhé, mi amigo el griego, asistí a una conferencia:
“El amor romántico en la época de la globalización y el neocapitalismo”, así, escrito de una sentada y casi sin respirar.
Los ponentes, dos ellas y uno él, Daniel, Eva, y Estella, mostraron  muy buen dominio de la materia. Los tres, filósofos y profesores de instituto. Ahora, después de ver lo bien que se desenvolvieron por tan proceloso asunto me embarga una duda: no sé con quién matricularme.
Hace unos meses, o unos años, atribulado con el romanticismo, me desenvolvía en ese tormentoso y estimulante mar como dios me daba a entender, o los ángeles, o la intuición. Ni imaginarme todo lo que hay escrito al respecto. Hoy, después de haber leído algo, coger por la solapa a los amigos para que no escapasen a mis preguntas, conocer a Bea, y oído a estos buenos profesores, ya voy entendiendo porqué yo mismo, la otra, y el de la moto, al enamorarnos, dejamos de sentir el suelo bajo los pies. Entendiendo no quiere decir que lo entienda. Es gerundio, aclaro. Es tan poderoso este sentimiento que aunque llegue algún día en el que termine de comprender que se trata de una fantástica - en todos los sentidos imaginables- mezcla de feromonas, química, instintos, y cultura, sea esta consciente o inconsciente, sé que nunca llegaré a saber en que proporción vendrá el cóctel de cada día. Eso sí, a estas alturas ya he aprendido a estar bien agarrado de la butaca y, que no es poco, aguantar la escrutadora mirada del barman quien, con sonrisa sibilina, espera que una vez más acabe de bruces en el suelo.
El barman, ¿quién será?

Hoy les adjunto un artículo de Manuel Cruz (Les recomiendo su libro; "Amo, luego existo"),
y dos enlace finales, el primero, una charla con Z. Bauman, y el segundo su discurso como Premio Asturias. No tenía noticias de este buen señor hasta ayer mismo. Según Estella, muy esclarecedor.

Cosmos cerrado por amor
MANUEL CRUZ 14/02/2011
Cuesta poco, bien poco, estar de acuerdo con el filósofo norteamericano Harry Frankfurt cuando en su libro Las razones del amor señala que el amante no puede dejar de dedicarse con altruismo a su amado y, por tanto, no se puede considerar, en este aspecto, que sea libre. Por el contrario, la naturaleza misma de las cosas lo lleva a estar cautivado por su amado y su amor, hasta el punto que cabe afirmar que su voluntad se encuentra bajo una rigurosa coacción. En ese sentido, remata su razonamiento, el amor no es cuestión de decisión.
No cuesta el acuerdo, decíamos, porque semejante convencimiento no solo permite la inteligibilidad de la idea misma de amor (¿acaso no resultaría autocontradictorio hablar de un amor interesado?), sino, vayan ustedes a saber si sobre todo, porque lo habíamos incorporado, a título de premisa, en la mayor parte de las representaciones amorosas que constituían nuestro imaginario colectivo. Nuestra memoria está abarrotada de relatos literarios y cinematográficos en los que sus protagonistas se mostraban dispuestos a renunciar a lo más valioso para ellos (hacienda, intereses e incluso la propia vida) en el momento en el que se cruzaba en su camino lo que creían que era un genuino amor.
Era tal la eficacia alcanzada por este tipo de relatos (quiere decirse: por los relatos basados en los señalados supuestos) que, más allá de su capacidad para expresar, dar cuenta y reflejar nuestra experiencia, terminaban por alcanzar una dimensión casi normativa. Traduciendo esto mismo a la jerga filosófica se diría que lo característico de las buenas historias de amor era su performatividad o, con un lenguaje algo más sencillo, lo que podríamos denominar su específica voluntad de realidad.
No nos estamos limitando a abundar en las conocidas tesis según las cuales las buenas historias parecen reales (son verídicas), o incluso constituyen herramientas para cambiar la vida: ahora estaríamos sosteniendo que constituyen el canon, el modelo, la representación idealizada de cómo queremos vivir. O, más en concreto (para el caso de los relatos amorosos), de cómo queremos amar. Las grandes historias de amor son relatos que nos interpelan, convocándonos a su realización. Son historias que reclaman que alguien se haga cargo de tanta belleza, de tanta desmesura. De tal modo que quien se emociona ante ellas en cierto modo no está haciendo otra cosa que estar a la altura de un destino: responde a una invitación que resulta imposible declinar, a cuyo influjo ningún ser humano debería ser capaz de resistirse.
Pero ese destino -ay- al que es convocado quien se emociona ante una historia de amor (y seemociona -más ay- si y solo si conoce el amor, esto es, si está en condiciones de dar adecuada materialización a su emoción) ha pasado a entrar en conflicto con nuestra realidad actual, constituye un destino disfuncional con los nuevos imaginarios colectivos dominantes en el mundo de hoy, abandonados a la banalidad y el mercantilismo más desatados. Con un añadido que resulta imposible soslayar: el amor, que surge como contingencia, no puede pensarse a sí mismo bajo esta forma (de hecho, ningún amor es capaz de contemplar su propio fin). Pero, a nuestro alrededor, lo existente gusta de alardear de una contingencia incluso exasperada, fronteriza con la volatilidad. ¿Qué hacer entonces en semejante tesitura?
Tal vez aquel poema de Machado, Todo amor es fantasía, incluido en Otras canciones a Guiomar, nos proporcione una inestimable ayuda para salir del apuro. Escribe el poeta: "Todo amor es fantasía; / él inventa el año, el día, / la hora y su melodía; / inventa el amante y, más, / la amada. No prueba nada, / contra el amor, que la amada, / no haya existido jamás". Sin pretender hacer una hermenéutica del poema -tarea para la que debo declararme abiertamente incompetente- me permito llamar la atención sobre la reivindicación que en la última parte del mismo se hace del amor, reivindicación que, en todo caso, parece estar invitándonos más a pensarlo bajo una perspectiva distinta a la habitual que a renunciar a él (como a primera vista el título y los versos iniciales podrían hacerle creer a un lector apresurado).
El amor, vendría a sugerirnos Abel Martín, es al mismo tiempo la gran mentira y la gran verdad de los seres humanos. Es la gran verdad porque en él -y probablemente solo en él- los amantes encuentran el cobijo, el refugio según ellos seguro en el que guarecerse de la hipocresía y el fingimiento del mundo. En realidad, lo que hacen es construir un frágil nido de palabras y caricias, acurrucarse en su interior y, a continuación, con presuntuosa ternura, colocar a la entrada un cartel con la leyenda "cosmos cerrado por amor". Pero -último ay- ese diminuto universo propio también se ha construido con mentiras -delicadas y amorosas mentiras esta vez, pero mentiras al fin-. Ninguno de los dos es de verdad como el otro declara verlo. Probablemente ni siquiera lo cree realmente quien regala a su amor las más hermosas palabras, quien pone a sus pies la más rendida admiración. Pero seamos indulgentes: le va la vida en ello. ¿Cómo, si no, podría abandonarse, incondicional, en sus brazos?, ¿cómo, si no, podría confiar, sin reservas, en sus promesas?, ¿cómo, si no, podría creer, como le sucedía a Hannah Arendt, que la persona amada es el único y auténtico hogar que somos capaces de soñar?
Se trata de una desgarrada paradoja, qué duda cabe. No obstante, acaso no habría que descartar que buena parte de los problemas, confusiones y contradicciones que padecemos para pensar y vivir el amor sin demasiados conflictos, deriven de una decisión equivocada a la hora de elegir las imágenes tutelares por las que dejarnos guiar. Quizás en lugar de empeñarnos en recurrir a la figura de la propiedad -la persona que ha de ser para mí, que he de conseguir que me pertenezca de una u otra manera- nos resultara más útil, por clarificador, interpretar la experiencia amorosa bajo la figura del relámpago en medio de la noche, de esa explosión inesperada de luz que por un instante devuelve a la oscurecida y cabizbaja realidad todo el brillo e intensidad de cuando reinaba la claridad.
Aunque pensarla bajo esa otra figura tiene asimismo, todo hay que decirlo, su contrapartida. El relámpago (también el del amor) nos deja al tiempo expectantes y preocupados, ilusionados y tristes, ansiosos y derrotados. Porque no sabemos cuánto tardará en repetirse el próximo fogonazo -el próximo estallido de luz que iluminará el mundo por entero-. Porque tememos que no lo vuelva a haber en mucho tiempo. O, lo peor de todo, porque barruntamos que quizá ya no nos alcance a verlo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Àfrica

Llevo varios días sin pasarme por aquí, incluso ni me he dejado ver con ocasión de la onomástica de Valentín, y esto sí que es raro en mí, siempre tan propenso a los asuntos del corazón.
El motivo de esta ausencia es fácil de entender. He estado viajando por el norte de África y, por los hechos que ustedes ya conocen, me detuve en Egipto unos días más de lo esperado. Y más que merecido. Una buena lección, inconmensurable, tanto que sigo con el alma en vilo y sin capacidad para ordenar mis impresiones, artículos, enlaces, y fotos. Traté de hacerlo esta mañana a primerísima hora, al menos a eso venía dispuesto, cuando de nuevo tuve que coger carretera, manta y ordenata para dirigirme al extremo oeste, no allá, con los hijos de Gerónimo, sino a este de más acá, donde reina el salvaje Mohamed, ¡que ya podían haber “civilizado” tiempo ha!.
No doy avío con tanta información, y, por más que trato de leer utilizando el método de la diagonal, el hecho es que siempre me queda un párrafo pendiente antes de decidirme a enviarles un comentario. Por muchas ganas que tenga de escribir, ¡y vaya que las tengo!
Hoy, sin ir más lejos, cuando ya daba por terminada la lectura del último artículo, me he visto obligado a resetear mi alfombra mágica. Ella, a pesar de disponer de un trenzado de última generación, hay momentos en que protesta, y si no la descargo de enlaces y sobrepesos de links, no recupera la memoria; eso sí, una vez dispuesta me lleva en un santiamén allá a donde le diga.
En este momento, y a la espera de ordenar el bagaje de mis últimas incursiones, les envío un espléndido artículo de Rabel Argullol y un vídeo realizado por jóvenes marroquíes.
¡Ay! Estos jovenzuelos que llegan dispuestos a darlo todo.
¿Saben, seguro que sí, que las dos terceras partes de la población del norte de África es menor de 25 años?
Alentador, sí; estremecedor, también.

Les incluyo gráficos y mapas, algunos no muy recientes, pero sirven. Las tendencias y desigualdades, como saben, siguen aumentando.
¿Un jarro de agua fría?. No. Un rocío para espabilarnos.



Europa cobarde, Europa libre
RAFAEL ARGULLOL 16/02/2011
El lado oscuro de Europa lo conocemos bien: durante cinco siglos -hasta el pasado- nuestro continente colonizó y saqueó el resto del mundo. En América los europeos acabaron con poblaciones enteras y civilizaciones imponentes, y en el África de hoy todavía son bien visibles las fronteras del expolio, con ese mapa geométrico trazado en las cancillerías europeas para repartir el botín y que, al no respetar las tradiciones e identidades locales, ha sido después, tras las independencias de esos países, motivo continuo de conflictos sangrientos. Tampoco Asia se libró, por supuesto, de la furia depredadora e imperial europea, que durante mucho tiempo consideró a antiguas civilizaciones del calibre de la china o la india como productos primitivos y exóticos. Con razón, ese lado oscuro ha sido estudiado minuciosamente por los historiadores, porque durante cinco siglos la globalización dirigida por Europa, casi siempre con violencia, preparó el escenario del mundo que ahora contemplamos. Los no europeos nos recuerdan a menudo nuestro lado oscuro, para reprocharnos el pillaje sufrido o simplemente para justificar situaciones actuales, y muchos europeos también nos lo recordamos de tanto en tanto, bien por sinceridad, bien para gozar de una buena conciencia.
Lo que no es nada evidente es que unos y otros nos acordemos, aunque sea levemente, del lado luminoso de Europa. Es posible que los no europeos se muestren insensibles a cualquier indicio de esta luz, sea porque la desconozcan o desprecien, sea porque la "rica" y "tecnológica Europa" interesa por otra cosa, como tierra de migración, y no por sus supuestos valores morales y espirituales (es difícil aceptar la moralidad y la espiritualidad de la cultura que te ha oprimido).
Más extraordinario es que los propios europeos no parezcan ya en condiciones de reconocer, con cierta convicción y consecuencia, el lado luminoso que también alimenta su herencia. Dicho brutalmente: una Europa cobarde y acomodaticia se ve incapaz de defender su patrimonio espiritual, al que sistemáticamente camufla u oculta con el ánimo de preservar privilegios económicos que hagan más llevadero el implacable declive. Como si estuviera vencida de antemano, Europa disimula su mejor legado para conservar, triste y groseramente, prebendas para las que intuye que hay una fecha de caducidad.
Durante muchos años he denunciado -y sigo denunciando- las tropelías históricas de Europa, pero desde hace tiempo encuentro necesario recuperar un sentimiento de autoestima fundamentado en lo que vengo llamando, aquí, el lado luminoso. Curiosamente esta necesidad se me hizo más patente a grandistancia de las fronteras europeas, en Benarés, durante las muy estimulantes conversaciones con el pensador indio Vidya Nivas Mishra acerca de las afinidades y distancias entre las mentalidades europea e india, que culminaron en un libro conjunto.
Aunque soy un gran admirador de la tradición hindú y Mishra -fallecido poco después en un accidente de automóvil- era un hombre en extremo convincente, pronto me di cuenta de que estábamos situados en miradores radicalmente diferentes. Mientras en mis palabras aludía siempre al "yo" -un "yo" bastante desamparado, por cierto, falto de cobertura religiosa o ideológica, al menos en mi caso-, Mishra siempre se refería a "nosotros", pero no a un "nosotros" puramente actual, sino a una entidad colectiva que se remontaba cuatro milenios atrás. (Los mismos, elocuentemente, de existencia de Benarés, junto con Damasco la ciudad más antigua continuamente habitada). Esta circunstancia, pensé entonces, a lo largo de nuestras charlas, otorgaba una imbatible superioridad al punto de vista de Mishra sobre el mío.
Ese hombre, me dije, habla con la enorme seguridad de saberse acompañado por millones de compatriotas cohesionados por el flujo continuo de miles de años, en tanto que yo -¡otra vez el solitario yo!- tenía que presentarme como representante exclusivo de mí mismo y, cuando aludía al pasado, tenía que hablar de un río, el de la civilización europea, constantemente interrumpido por diques y cambios abruptos de cauce. Mi posición en el diálogo era claramente desfavorable pues, frente a la fortaleza de la continuidad que dibujaba mi interlocutor, yo, como europeo, no podía dejar de mencionar nuestros constantes virajes y revoluciones, de la antigüedad clásica al medievo cristiano, del renacimiento a la ilustración y a la modernidad. Europa se había negado y reinventado constantemente de manera revolucionaria hasta el punto que, en nosotros, tradición y revolución se requerían mutuamente y eran, casi, una misma cosa.
En Benarés, tan lejos de Europa, me di cuenta de que este era, precisamente, el rasgo esencial del pensamiento europeo y que, si bien era cierto que a lo largo de la historia habíamos ejercido como invasores y expoliadores implacables, no era menos cierto que habíamos conseguido desarrollar un "instinto" para la crítica y la autocrítica del que carecían, por lo que yo sabía -aunque, desde luego, podía equivocarme- las otras regiones del mundo. En el último día de nuestras conversaciones traté de explicarle esta singularidad europea a Vidya Nivas Mishra aludiendo al destino de Antígona y al hecho de que, en la tragedia de Sófocles, se daba carta de naturaleza a la libertad individual como el motor de la condición humana. Le añadí que, con este presupuesto, era imposible que el pensamiento no fuera el escenario de la crítica y la autocrítica, y que la historia no fuera sino una sucesión de revoluciones, de sacudidas ansiosas de libertad, que obligadamente me dejaban a mí en soledad frente a sus milenios de comunidad espiritual. Pero no estoy seguro de que me comprendiera pese a su permanente sonrisa afable e inteligente.
Y creo, en efecto, que este es nuestro lado luminoso, el haz de libertad que brilla en medio de la oscuridad a la que, con tanto afán sangriento y codicioso, hemos contribuido. Hemos destruido mucho pero, en la estela de Antígona, hemos apostado con frecuencia por la libertad de conciencia, incluso contra la omnipresente "razón de Estado" (confundida, en ocasiones, con la "razón de Dios") en la que encuentran cobijo tantas tradiciones del mundo que nos rodea.
Esta es la gran lección del humanismo europeo, antiguo y moderno, lección que los europeos actuales, sumidos en la molicie mental y refugiados en una concepción gélida y burocrática de Europa, se empeñan en olvidar. La vergonzosa actitud de la comunidad europea ante los recientes acontecimientos en los países del norte de África -todos ellos antiguas colonias europeas- no son sino la lóbrega coronación de un silencio culpable que se repite ante cada hecho que incomoda la seguridad senil y avariciosa de un continente que omite cualquier construcción moral ante la vigilancia de los "mercados". Europa calla ante cualquier atropello de los derechos individuales -proceda este de reyezuelos, como los de Túnez o Uzbekistán, o de emperadores, como en el caso chino-, siempre temerosa de que cualquier gesto le suponga la definitiva retirada de prebendas que -y esto aumenta el miedo- consideran ya medio perdidas bajo la espada de Damocles de la decadencia.
Y este es, sin duda, el camino peor porque, afortunadamente obsoleta su función saqueadora, la única auténtica riqueza de futuro que le queda a Europa es Antígona. Quiero decir: la reivindicación de la libertad individual de conciencia, el derecho a la crítica, la necesidad de la autocrítica. Esta, la razón del individuo, es el bien único, espléndido, que todavía podemos exportar y que aún puede ganarnos un respeto en el mundo. Acobardados y sumisos ante la razón de Estado solo nos queda prepararnos para ser unos obedientes y eficaces esclavos.

El vídeo:

jueves, 10 de febrero de 2011


Ayer vimos "También la lluvia", de Iciar Bollain. Recomendable cien por cien. Gracias Iciar, gracias actores. En ella el líder indio se pregunta: ..."¿porqué siempre nos tiene que costar tanto?"
Una de las sentencias más conocidas de Marx afirma: "La violencia es la partera de la historia", y no le faltan razones, pero, igual que el indio, yo también me lo sigo preguntando.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Indignez- vous!

Nos queda mucha tela que cortar. Creo que hay un largo camino que recorrer. A una cultura, una política, una economía como las actuales, que tan claramente dejan ya ver sus límites, hay que anteponerle otra nueva, que aún, en mi opinión, en mi conocimiento, no sé si tan siquiera está dentro de algún cascarón.
Ya el rey está desnudo, pero él aún sigue mandando.
¡Indignaos! Sí. ¡Sublevaos! Sí, pero, ¿y después?
No se trata sólo de miedos, los tengo, lo confieso, sino también de responsabilidad, tanto con uno mismo como con los demás.
¿Siempre tienen que haber muertos en el camino? Digo.
Ya los hay, y de hambre, sé que me dirán. Y asentiré; y volveré a cruzar los dedos porque no hay otra opción que seguir adelante.


http://www.monde-diplomatique.es/isum/Main;jsessionid=7E74DE394BFF4AC5C4C64188A8B716A1?ISUM_ID=Content&ISUM_SCR=externalServiceScr&ISUM_CIPH=K867ymrUttAGu!GefrqSRM8y3JMhJsr1vaIZVEZZoM0VOClOVfVSW3y-PR!hdpITSHrT!6Rl9JV!h1iuVHtsWcF28RmLnwRYyP5irpeO8a!MHQnIgoKe1tnr7QWG48GVaysw0lnlrlhaK2BaKs8ifkcScFm79ANi5iSzAyhyFgVyY5jMEjD0W2GFv9go1kBwuDUGPSz8f61WZxoT5ccRw7Ko4irahXEoNOpDPNXObSvfqn10E6rMKtgYKtep0!FcF9MrJxYSKMWU3ls0I1mSY13BcTuZybQ6f7e5q!1hEUg8-L-6GxsFDg_

Flavia Company

Ayer conocí a Flavia Company, escritora y navegante; o al revés. Habla con tanta pasión de las dos cosas que no sé a que carta quedarme. Después de dos correos de ida y vuelta, leí en un sólo tirón su última novela "La isla de la última verdad". Me gustó. Y ya le envíé mis dimes y diretes. No les doy ninguna pista.
¡Leánsela!



Este encuentro coincidió, tanto con una de esas boberías que escribo de cuando en cuando -ya terminé el cuaderno que me regaló Bea en navidades-, como con la decisión de abrir una nueva ventana en este blog. La he llamado "relatos". Según el diccionario: "narración, cuento", buenas palabras en las que cobijar esas ocurrencias que surgen al conversar con ustedes, o al andar de aquí para allá.
Seguro que esta conversación con Jaime, que hoy les cuento, está necesitando más de un hervor, pero ahí les va y todo se andará.
Veo, ya se lo dije a Flavia, este blog "...como un baúl, lanzado al mar e impregnado en brea, que navega sin ton ni son así sean los vientos. Un baúl en el que guardar mis cosas y donde mis amigos revuelvan lo que les venga en gana".

Jaime.

Decidí sentarme en aquel murete, junto al vendedor de lotería.
-Buenos días.
-Para quien los tenga.
-¿Así empezamos?
-¿Y que quiere que le diga?, desde las siete de plantón y no he vendido un número. Ya ni se confía en la suerte.
Le miré y él también, aunque no me veía, al menos con sus ojos, cuencas vacías, pero supe que no se le ocultaba quien tenía enfrente.
-¿Y usted, a cuento de que se sienta en mi muro?
-Estaba sorprendido, le respondí, por tantas y tan distintas personas que pasan por este pasillo -no más de un metro de ancho, a duras penas se entrecruzan quienes suben y bajan- y quería observarlas mientras espero la guagua.
-Acaba de salir del Teatro, en diez minutos está aquí; y la gente, mejor ni me hable, las conozco a todas, a las nuevas y a las viejas; usted mismo pasó por aquí antes de que abrieran las tiendas, y sé, por la bolsa que lleva en su mano derecha, que encontró lo que buscaba.
Volví a mirarlo, en silencio, despacio, sin delatar mis movimientos, no más de dos pellejos tenía bajo las cejas, machacadas, de boxeador. Seguí observándolo, quieto, casi sin respirar. No quería darle ni una sola pista sobre el asombro que se movía en mí.
Puntual, a los diez minutos llegó la guagua. Me despedí deseándole de nuevo un buen día.
-Que usted lo tenga y ya me lo cuenta. No deje de pasar por aquí, así no me compre un número. Le espero.
-Volveré
Adiós, y tome, no olvide la bolsa, me dijo, alcanzándomela, estirando sus brazos, sus muñecas vacías, no llevaba reloj, y en ningún momento de la conversación echó mano de alguno de aquellos, redondos, de rosca mayúscula justo donde dan las doce, con tapa, doble tapa, una para resguardar el cristal y otra para levantarlo y así poder pulsar las prominencias de agujas y horarios. No llevaba chaqueta ni bolsillo donde guardarlo. Vestía un grueso jersey de cuello alto, pantalón de chándal gris y cholas que dejaban ver los calcetines; también grises, usados, y tan limpios que mucho había que fijarse, y me fijé, para caer en la cuenta de que no eran nuevos.
-Me los lavo yo mismo todas las noches. A la vuelta del trabajo. Y ya le diré donde me rompí la nariz.
Cuento las horas que me quedan para volver a sentarme con él.


lunes, 7 de febrero de 2011

Cosmología.

Este blog se expande, navega.
Hoy abro una nueva etiqueta, ciencia, y un primer apartado, cosmología. Cosas que me van entrando por esta afición de dormir al raso. O de mirar para los celajes.
Les adjunto una tanda de enlaces, y les adelanto una frase:
"Si no se espera, no se encuentra lo inesperado" Heráclito.

http://www.rtve.es/television/20110124/universo-tres14/397727.shtml#kmnts

Links Universo

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/01/11/ciencia/1294768662.html
En la web del diario El mundo publican El telescopio espacial Planck completa sus primeros mapas del cosmos. El telescopio completa los dos primeros mapas del Universo en su misión de cartografiar el cosmos.
http://www.investigacionyciencia.es/solo_articulo.asp?indice=6
En la revista Investigación y Ciencia publican Buscando vida en el multiverso. Otros universos con diferentes leyes físicas podrían también ser habitables.
http://www.tendencias21.net/La-materia-perdida-del-Universo-estaria-a-400-millones-de-anos-luz-de-la-Tierra_a4442.html
En la web de Tendencias21 publican La materia perdida del Universo estaría a 400 millones de años luz de la Tierra. El hallazgo fue posible gracias a observaciones de rayos X en el borde de un agujero negro.
http://www.madrimasd.org/noticias/prestigioso-fisico-asegura-haber-detectado-universo-Big-Bang/46297
En la web de mi+d publican Un prestigioso físico asegura haber detectado otro universo antes del Big Bang. Roger Penrose, de la Universidad de Oxford, cree haber detectado “atisbos” de la existencia de otro universo.
http://www.abc.es/20110113/ciencia/abci-hallan-ciudad-galaxias-confines-201101130949.html
En el portal del diario Abc se puede leer la noticia Hallan una “ciudad de galaxias” en los confines del Universo. Situada a 12.600 millones de años luz de la Tierra, es el supercúmulo más lejano jamás detectado.
http://www.elpais.com/articulo/futuro/expertos/preparan/hallazgo/vida/extraterrestre/elpepusocfut/20110112elpepifut_1/Tes
En la web de El País publican Los expertos se preparan para el hallazgo de vida extraterrestre. Una nueva fase se inicia con la búsqueda de planetas extrasolares habitables.
http://www.muyinteresante.es/el-universo-era-liquido-tras-el-big-bang
En Muy Interesante publican El Universo era líquido tras el Big Bang. Físicos británicos descubren que el Universo primitivo no sólo era caliente y denso, sino que además tenía la consistencia de un líquido.

viernes, 4 de febrero de 2011

El lector

No es lo mismo doblar por la primera esquina que nos sale al paso, que hacerlo por la siguiente; en un caso puede que no nos tropecemos con nada ni con nadie, y en el otro, por el contrario, dar con un amigo, vernos delante del expositor de una librería, o encontrarnos con ese comentario de quienes van charlando y que, cogido al vuelo, nos hace pararnos; cualquiera de estos encuentros probablemente condicione la siguiente etapa de nuestra vida. Todos tenemos esta experiencia, el azar. Es curioso, como si nadie se escapara de ser hijo de la casualidad.
La frecuencia de estos encuentros fortuitos parece estar en consonancia con el tiempo que dedicamos al callejeo; al menos hasta ayer, hoy, metidos en las redes sociales, estos encuentros se multiplican.
He estado siguiendo lo más cerca posible -seguro que como muchos de ustedes- los hechos de Egipto. Paralelamente, dirigiéndome de un enlace a otro por el camino del dolor -trataba de documentarme sobre ese sentimiento-, me encontré con un artículo referente a la lectura. Al hecho de leer. Fué sorprendente.
Ya había leído, más de un año atrás, el famoso trabajo de Vila Matas "El lector activo"; que tanto me hizo pensar. Pero este, con el que me di de bruces mientras andaba por Egipto, "Lacan y como leer los textos", me llevó a otro y a otro, cada cual más interesante; tanto que he decidido incluir en este blog un apartado exclusivamente referido al hecho de leer. Ya lo irán ojeando. El hecho de leer, esa actividad humana, tiene mucha más enjundia de la que, al menos yo, hasta ahora le otorgaba.
Suerte que doblé por esa esquina.




Ahí tienen los enlaces de ambos artículos:

"El lector activo". Recuerdo que en su momento, septiembre del 2009, ya lo comentamos; pero viene de perillas recordarlo.
http://www.elpais.com/articulo/cataluna/lector/activo/elpepuespcat/20090927elpcat_9/Tes

"Lacan y como leer los textos"
http://www.scb-icf.net/nodus/076AcontecimientoLacan.htm
...un hombre, un dolor, una ilusión...

http://www.youtube.com/watch?v=va-FMNQClL8

¿Quien puede traducirlo completo; literalmente?
Por lo que le entiendo, y con su imagen se le entiende todo, creo que es excepcional.
Gracias.

martes, 1 de febrero de 2011

Hoy, como ven, está siendo un día pródigo en lecturas. Empecé apenas eran las 0.05 am., continúe al filo del mediodía, y aquí estoy cuando dan las 16.45 pm. De seguir así creo que terminaré escribiendo algo titulado "La intimidad en el siglo XXI".
Les adjunto una parte del reportaje que relata el encuentro que tuvieron en diciembre pasado Umberto Eco y Javier Marías. Si lo quieren completo, también les dejo el enlace.


Me resulta muy curioso, para estudiarlo, interesante dice U. Eco, el comentario de J. Marías sobre el exibicionismo. Ahí lo tienen.

...Y las palabras de Eco y Marías se entrecruzan animadas por el mundo clásico, hasta que dan un salto de 2.500 años para volver al umbral de esta era del ciberespacio cercada de incertidumbres y quejas por una supuesta incultura en plena revolución del aprendizaje y la comunicación de saberes y relaciones personales y emocionales. Entre bocado y bocado, sus palabras van a empezar a señalar lo mejor y más terrible de ese presente y sus consecuencias.
U. Eco. Internet es la vuelta de Gutenberg. Si McLuhan estuviera vivo tendría que cambiar sus teorías. Con Internet es una civilización alfabética. Escribirán mal, leerán deprisa, pero si no saben el abecedario se quedan fuera. Los padres de hoy veían la televisión, no leían, pero sus hijos tienen que leer en Internet, y rápidamente. Es un fenómeno nuevo.
J. Marías. Esto sería una ventaja.
U. Eco. Es el aspecto positivo.
J. Marías. Pero lo que decíamos sobre el lenguaje, de la generalización del uso del ordenador...
U. Eco. Ése es otro problema, no tiene nada que ver. No creo que el lenguaje se empobrezca, ¡cambia! El inglés es un lenguaje sintácticamente muy pobre en comparación con el francés, el italiano o el español; pero puede decir cosas maravillosas. Por lo tanto, se simplifica, pero puede decir muchas cosas. Las lenguas funcionan.
J. Marías. A veces tengo la sensación de que el exhibicionismo general es omnipresente en estas formas de comunicación. En Internet, por ejemplo, si pones una cámara puedes ver una habitación a todas horas; hay personas que tienen contacto entre sí para ver cómo duermen o preparan la comida, lo que no sería un espectáculo... A veces tengo la sensación de que esto guarda cierta relación con la pérdida progresiva de esa antigua idea, que ha acompañado a los hombres durante siglos, de que Dios lo veía todo, de que Dios los observaba a todos y que absolutamente NADA escapaba a su mirada y escrutinio. De alguna manera, esa idea, que aún tienen algunos de los que leen L'Osservatore, era algo terrible, pero que también consolaba, al haber un espectador que conocía nuestra vida. Aunque fuera la persona menos importante del mundo, había alguien...
U. Eco. ¡Un señor que pagaba una entrada para verte y luego juzgarte!
J. Marías. Te castigaba o premiaba. Al menos existías para alguien. Y esta creencia, obviamente, hablando en términos generales, se ha perdido. Creo que una parte de la población, de forma inconsciente, tiene nostalgia de esa idea. Había una enorme necesidad de ser contemplado, de ser observado.
U. Eco. Hoy van a la televisión o Internet.
J. Marías. Sí... Responde a esa nostalgia vieja de la idea de Dios.
U. Eco. Interesante. Si no, no se explica cómo tienen esta necesidad tremenda de dejarse ver, hasta cuando hacen caca. Y yo digo: ¿por qué?
... ¡Es el aspecto más terrible e importante de la civilización en la cual vivimos! En Italia han sido asesinadas unas jóvenes, y cada noche hay programas de televisión que hablan de ello, ¡es vergonzoso!, porque se hace espectáculo de estas muchachas. Y el único consuelo por haber perdido a tu hija es salir en la televisión.
J. Marías. Ha hablado de consolación. Hay un elemento crematístico, evidentemente. Una ventaja para ellos porque al menos obtienen dinero y audiencia
U. Eco. ¿Pero por qué necesitan la audiencia y explotan incluso la muerte de su hermana y van a la televisión para que les veamos? Volvemos a la tesis de Javier Marías.
J. Marías. Lo que es extraño es que, también, se quiera mostrar la pena. Había cosas que tradicionalmente no se enseñaban.
U. Eco. Hay gente que va a la televisión a decir: "Tengo cáncer. No me voy a callar. Voy a la televisión para que me conozcáis, para que sepáis que existo y ayudo a otros". Ésa es la justificación.
J. Marías. La gente dice ahora, en lugar de "quiero contarte", "quiero compartirte esta experiencia", o "quiero compartir contigo esta experiencia", en lugar de "quiero contarte". Se busca involucrar a otros.
U. Eco. Una frase que ya no se usa es: "A Dios pongo por testigo de", al menos él sabe que yo soy así. Ahora es "pongo a la televisión por testigo, la comunidad". Hay una comedia italiana donde el nombre es una propiedad privada, no debes difundirlo. Y está el dicho de que los trapos sucios se lavan en familia. Antes la privacidad, el mantenerlo todo oculto, era fundamental. Hoy es todo lo contrario. Y cosas peores. No sé el porqué de esa necesidad de que nos vean o de vampirizar vidas ajenas. La explicación sobre la nostalgia de Dios es la más lógica.
.....
En aras de la inmediatez -una de las virtudes de esta red, y, por contra, según vengo leyendo, su más refinada trampa para quedar atrapado en ella-, les adjunto un buen número de enlaces que juzgo muy oportunos para la mejor comprensión de lo bueno y malo que nos estamos jugando en estas redes sociales.
Mientras más me acerco a ellas más decidido estoy a conocerlas mejor; no sólo porque son imparables, sino porque es el lenguaje de mis hijos y mis nietos, y no estoy dispuesto a perder comba.

Ahí los tienen. El especial de Babelia es interesantísimo. El vídeo de Savater, como todas sus cosas, es polémico. No se pierdan los comentarios al mismo.





http://www.elpais.com/especial/babelia/1001/
Más de una semana sin contarles nada. Un tiempo metido en la nieve de Kaufbeuren, Baviera, junto con Bea y Heike, nuestra amiga y anfitriona. Un tiempo en el que, además de pasarlo de maravilla, pensé y repensé en esas cosas que siempre andan pendientes.
Una de ellas trata de este blog recién estrenado. Recordarán que me costó mucho embarcarme en él. No terminaba de decidirme. El asunto de la privacidad me condicionaba -y me sigue condicionando- con insistencia; aún así, y dado que seguía con mis emails erre que erre, opté por soltar amarras sin tenerlas todas conmigo. Es una aventura, afirma Chencho, pues a por ello, me dije, sabiendo que en todo caso sería incruenta, como todo lo virtual.
Miren por donde, casual y oportunamente, del sábado para acá, me he encontrado con diversos artículos sobre este tema de la intimidad; que tanto tengo en cuenta, aunque no lo parezca.
Les adjunto dos y un poema. Considero que suponen un excelente punto de partida para reflexionar en este asunto con más enjundia.

La entrevista a N.Carr es interesantísima. Todas las preguntas y todas las respuestas.

Un mundo distraído.

Campus Party. Sao Paulo. Enero 2011.


Este siguiente, “Palabras sobre la red”, de Juan Freire, sirve de introducción en el Babelia de este sábado pasado a otros artículos sobre el mismo asunto. Todos ellos, en mi opinión, muy buenos.



El poema que les copio a continuación es esclarecedor. Al menos para mi. Expresa con tal precisión las sensaciones que me acompañan al meterme en estas redes, que lo pondré como mascarón de proa de mi barquito.


Benditos los ignotos 

"Heil den unbekannten" J. W. Goethe, Das Göttliche (*)

Benditos los ignotos,
los que no tienen página
en internet, perfil
que los retrate en facebook,
ni artículo que hable
de ellos en wikipedia.
Los que no tienen blog.
Ni siquiera correo
electrónico, todo
les llega si les llega,
con un ritmo más lento.
Tienen pocos amigos.
No exponen sus instantes.
No desgastan las cosas
ni el lenguaje. Network
para ellos es malla
que detiene la plata de los peces.
Benditos los que viven
como cuando nacieron
y pasan las mañanas oyendo el olmo
que creció junto al río
sin que nadie
lo plantara.
Benditos los ignotos
los que tienen
todavía
intimidad.

(*) He tratado de traducir esta frase pero me salen cosas muy raras. Tales como: “Dios te salve, a lo desconocido".
Seguro que Goethe y Juan Antonio González Iglesias, autor del poema, le dan una forma y sentido diferente. Quizás Elisa nos pueda echar un cabo.